LAGUNDU

EL ÁGUILA DE LAS CUATROCIENTAS CUMBRES

EL ÁGUILA DE LAS CUATROCIENTAS CUMBRES
En la cima de Urko, el 28 de septiembre de 1947 se está celebrando una reunión muy especial, aunque no son más que siete los que se han dado cita junto a la pequeña cruz que corona la cumbre. Son todos ya veteranos y rodean a uno de ellos, que apoya en una makila su cuerpo enjuto por los años y por los cientos de montañas que lleva ascendidas. Es Indalecio Ojanguren, al que los montañeros conocen como el “fotógrafo águila”, por haber plasmado en su vieja cámara durante treinta años los acontecimientos más importantes del alpinismo vasco. Y quienes le rodean son también parte de esa historia. Con él están Antxon Bandrés, el padre del alpinismo en Euskal Herria, Andrés Espinosa, el más sorprendente de los montañeros que ha dado esta tierra, Carlos Linazasoro, Altzeta, el gran orador euskaldun de Zumárraga; el bertsolari Guillermo Beaskoetxea, Txindurri, Candido Arrizabalaga y Eduardo Alberdi, completan el grupo, que es el mismo que se ha venido reuniendo cada vez que Indaleki ha completado un nuevo ciclo de cien montañas.

Así lo habían hecho el 5 de septiembre de 1943 en Egoarbitza y el 8 de agosto de 1934 en Gazume, pero de todos ellos únicamente Bandrés podía guardar el testimonio de la primera cita, quizás más emocionante de todas, la del 9 de febrero de 1926 en la emblemática cima de Ganekogorta.

Para completar su primera relación de cien montes, Ojanguren quiso escoger, precisamente, el lugar en el que Bandrés había lanzado a los cuatro vientos la idea de los concursos de montaña la medianoche del 30 de septiembre de 1914. El 26 de enero de 1926, el eibarrés le había escrito a Bandrés detallando sus planes montañeros: “El sábado estuve en Eskubaratz y hoy por la mañana en Unzillaitz. Para subir el número 97, el viernes pienso ir a San Pedro, el lunes a Txarlazo y dentro de 10 ó 15 días estaré a su disposición para hacer juntos el Ganekogorta, el 100 de la lista. ¡Viva el Alpinismo!”.

Se daba la circunstancia de que Ojanguren practicaba el montañismo entre semana, porque su trabajo como fotógrafo le retenía en Eibar los días festivos, por lo que la.
cita quedó concretada por Bandrés para el martes 9 de febrero. “Ese día le esperaré en mi casa de Hurtado Amezaga 16, para subir juntos a coronar el Ganeko, su último monte del concurso de las Cien Montañas, que me cabe el honor de haber iniciado en esa misma cima en 1914. Acudiré revestido de todos mis poderes, en calidad de Presidente de la Federación”.

La imagen del saludo que se dieron aquel día las dos personalidades junto al mojón de Ganekogorta sería de las que iban a quedar para la historia: ambos tiesos, engallados, casi desafiantes. Ojanguren ofreciendo una silueta cincelada que años más tarde plasmaría en bronce su paisano Carlos Elgezua; Bandrés en su clásica postura asentada como un árbol en el suelo, con el brazo izquierdo haciendo ángulo apoyado en la cintura.

Esta imagen de los dos líderes alpinos, que estuvo colocada en el comedor del refugio de Pagasarri, iba a ser rasgada por los bayonetazos furiosos de un requeté del Tercio de Roncesvalles, en los primeros momentos de la ocupación de Bilbao por el ejército franquista. La fotografía, con el valor testimonial de sus heridas de guerra, añadido a su significación histórica, sería donada en 1994 por Antxon Bandrés Zaragüeta, sobrino nieto del fundador, a la revista Pyrenaica.
Pero regresemos a la cima de Urko, en cuyo buzón Indaleki ha encontrado una nota de saludo dejada media hora antes por un joven Juan San Martín, tras lo cual ha desaparecido discretamente para no interferir en la reunión de los siete veteranos.

El homenajeado se muestra emocionado: “Milaka batu izan bagina be gaur hemen, nere bihotza gehixago ez zan asetuko...”, confiesa a sus amigos. Espinosa le define en sus palabras: “Eibar te plasmó y eibarrés es todo tu porte corporal y moral; eibarrés puro que en su anhelo infinito desde el hoyo de sus hogares, desde ese txoko acurrucado entre montañas, vuela por el mundo con su alto y gran espíritu universal...” . Y Bandrés, siempre exultante, propone la cita para el que será quinto centenario de Ojanguren: “Que sea, Dios mediante, en la punta de Aizkorri, presididos por la venerada imagen del Santo Cristo”.

El remate lo pone Guillermo Bengoetxea, Txindurri. Al igual que acostumbra a hacer los días de primero de enero en ese mismo lugar, el bertsolari de Ermua confirma en sus estrofas la cita para dentro de cinco años.

Len Eguarbitza´n izan giñan da
aurten Urko´n gera datu
saspi laguntxo giñaden baino
denok benetan gogotsu
Aspertu gabe aurrera horrela
jarrai egiten badozu
Aitzkorri mendi´n danok batuta
oju bat egingo dogu.


Tras completar el primer centenario alpino en 1926, Ojanguren había recibido una auténtica medalla de oro, que fue encargada por Vicente Juaristi a Suiza en nombre de la Unión Deportiva Eibarresa. En 1946 su recompensa llegó en forma de una Medalla al Mérito, concedida por la Federación Española de Montañismo. La distinción era esta vez plateada, porque en la posguerra no existía en todo el país más oro que el que se decía que los republicanos se habían llevado a Moscú.

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Autor: Antxon Iturriza

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